El disparo de salida resonó como un trueno, y Villegas salió disparado como un rayo. Con cada zancada, el cronómetro contaba una historia de esfuerzo y dedicación. Al cruzar la línea de meta, el tiempo que apareció en el tablero fue digno de una ovación: 10.21 segundos. Un instante que no solo lo consagraba como campeón nacional, sino que también rompía el récord del torneo previamente establecido por Franco Florio, quien había logrado 10.24 segundos en 2020. La pista estalló en júbilo mientras Tomás desbordaba alegría y emoción, dejando atrás a competidores como Daniel Londero (10.30 segundos) y el propio Florio (10.37 segundos).
Villegas no solo celebraba un título; estaba escribiendo su nombre en letras doradas en los anales del atletismo argentino. Con su impresionante marca, se posicionaba como el segundo mejor velocista en la historia del país, solo detrás de Florio, quien sostenía la marca nacional de 10.11 segundos. La grandeza del deporte se palpaba en cada rincón del estadio CEF N°3 “Hugo La Nasa”, donde se celebraban diversas pruebas, cada una desafiando la habilidad y la tenacidad de los atletas.
Lo que hace este triunfo aún más notable es el contexto. Villegas había llegado a este campeonato después de haber mejorado su marca personal en Asunción, alcanzando un tiempo de 10.29 segundos. Este avance no solo hablaba de talento, sino de una dedicación indomable y de la pasión por los entrenamientos extenuantes y el sacrificio constante. En un deporte donde cada centésima de segundo cuenta, cada éxito se construye mediante el sudor y la perseverancia.
El 29 de marzo de 2025 no es solo una fecha más en un calendario deportivo; es el día en que Tomás Villegas se convirtió en una leyenda, inspirando a futuras generaciones a seguir sus pasos y a soñar en grande. Su historia es un recordatorio de que con disciplina, esfuerzo y determinación, los límites se convierten en meras ilusiones.