La actividad física regular puede ayudar a reducir la grasa acumulada en el hígado, incluso cuando no se produce una pérdida importante de peso. Sin embargo, la evidencia no identifica un único ejercicio “milagroso” ni permite afirmar que caminar por sí solo revierta todos los casos de hígado graso.

El hígado graso, actualmente denominado en muchos documentos como enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica, se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa en el órgano. Su aparición se relaciona con factores como el sobrepeso, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina y otras alteraciones metabólicas.

Ensayos clínicos publicados en revistas médicas encontraron reducciones de la grasa hepática después de programas de ejercicio aeróbico, de resistencia o combinados. En uno de esos estudios, 16 semanas de actividad física moderada redujeron el contenido de grasa del hígado sin cambios significativos en el peso corporal.

Lo que hay que saber


  • El ejercicio regular puede reducir la grasa acumulada en el hígado.

  • Caminar a paso ligero, andar en bicicleta y realizar ejercicios de fuerza son alternativas posibles.

  • La actividad debe adaptarse a la condición física y al estado de salud de cada persona.

La Asociación Estadounidense para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas señala que, en muchos pacientes, puede recomendarse como referencia un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física moderada, distribuidos durante la semana. También destaca que el ejercicio debe ajustarse a las preferencias y capacidades de cada persona.

La intensidad no es el único factor relevante: la constancia, el volumen total de actividad y la combinación con una alimentación adecuada también influyen. En personas sedentarias o con limitaciones físicas, comenzar con caminatas y aumentar gradualmente la duración puede ser una estrategia razonable, siempre que resulte segura.

Qué dice la evidencia
La actividad física puede mejorar la grasa hepática y la salud cardiometabólica, pero no reemplaza la evaluación médica ni garantiza por sí sola la reversión de la enfermedad. La indicación debe individualizarse, especialmente si existen diabetes, obesidad, enfermedad cardiovascular o daño hepático avanzado.

El diagnóstico y el seguimiento deben realizarse con profesionales de la salud. Además del ejercicio, el abordaje puede incluir cambios en la alimentación, control del peso y tratamiento de enfermedades asociadas. Ante un diagnóstico de hígado graso, no se recomienda suspender medicación ni iniciar una rutina exigente sin orientación médica.

Fuentes consultadas