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13 de abril de 2020

Coronavirus: la historia de Tecme, la fábrica argentina de respiradores que redobló su producción frente a la pandemia

Por: Página 12

“Un respirador es un soporte de vida y por lo tanto debe ser seguro y efectivo para su uso en pacientes (...) No hay margen para error alguno y es por ello que cada eslabón de la cadena de producción está regulado y debe ser controlado”

La compañía cordobesa Tecme, líder en el desarrollo y fabricación de respiradores mecánicos para salas de terapia intensiva, comenzará desde este lunes a trabajar doble turno para “garantizar una entrega acelerada” de sus productos en el marco de la pandemia de coronavirus . Así lo anunció a través de un comunicado, en el que se propuso “llevar tranquilidad tanto a la opinión pública como a nuestros proveedores y colaboradores internos que estamos haciendo el mayor esfuerzo posible en esta emergencia”. Desde el pasado 25 de marzo, la firma cordobesa de los hermanos Mañá solo tiene permitido comercializar sus respiradores con el Estado nacional, que es el encargado de centralizar la distribución de los mismos de acuerdo a las necesidades en cada provincia. Para hacer frente a la creciente demanda provocada por el COVID-19, la empresa tuvo que aumentar el 40% de su planta de trabajadores y ampliar las instalaciones.

“Nuestro compromiso ha sido siempre priorizar la vida, por eso creemos que en este contexto nos corresponde informar y llevar tranquilidad a cada uno de los argentinos. Sabemos que los respiradores son piezas claves en la carrera por salvar vidas y en eso estamos abocados todos: fabricantes, proveedores de insumos, organismos del Estado e instituciones público-privadas”, aseguró en el comunicado Patricio Keegan, Gerente de Marketing y Comunicación de Tecme.

 

Un emprendimiento de dos hermanos

En la década del 60, en la ciudad de Córdoba, un joven cirujano de tórax y su hermano, entonces estudiante de ingeniería, se instalaron en el garaje de sus padres y lo transformaron en un pequeño taller: se habían propuesto, ante la escasez de respiradores en la provincia, encarar la fabricación de estos aparatos con sus propias manos. En 1966, luego de varias pruebas, los hermanos Ernesto y Luis Mañá, actuales Presidente y Vicepresidente de Tecme, lograron el primer ensayo exitoso en humanos en el Servicio de Cirugía de la Cátedra de Tisiología y Enfermedades del Tórax de la Universidad Nacional de Córdoba.

Un año después, iniciaron la fabricación en series reducidas de dos modelos de ciclados por presión, que en 1970 fueron sustituidos por modelos de tipo volumétrico. El gran salto, sin embargo, llegó en 1997, con la fabricación de respiradores controlados mediante microprocesador. En 2011, con el avance de la ciencia a nivel mundial, incorporaron la tecnología touch a sus productos y lograron consolidar su presencia en el mercado, con los tres ventiladores de cuidados críticos que comercializan bajo la marca Neumovent: para adultos, para pediatría y para neonatología.

Actualmente poseen el 70% del mercado local y exportan a 50 países de todo el mundo. La sede principal, en la ciudad de Córdoba, cuenta con instalaciones de 4.700 m2 en un predio de 15.000 m2. La firma también posee una una oficina comercial y de servicio técnico oficial en la ciudad de Buenos Aires y una planta de producción en Atlanta, Estados Unidos.

El Estado nacional como cliente exclusivo

A principios de marzo, ante la avanzada del COVID-19 en el mundo, la empresa cordobesa tuvo que enfrentarse a un crecimiento exponencial en la demanda de respiradores. El ritmo de producción habitual y la cantidad de empleados, enseguida, resultaron insuficientes. Por ese motivo, en los últimos 30 días la compañía decidió aumentar en un 40% su planta de trabajadores.

En ese contexto, el pasado 25 de marzo el ministro de Salud Ginés González García envió una notificación al presidente de Tecme, Ernesto Mañá, en la que le informaba, como autoridad de aplicación del decreto 260 --que le permite determinar la distribución de insumos críticos para la atención de la emergencia sanitaria--, que a partir de la fecha la compañía no podría “comercializar o entregar equipamiento a destinatario alguno, sin la previa intervención de esta cartera del Estado".

Esa orden, que en la práctica dejó en suspenso la entrega de miles de pedidos ya pagos a clientes locales e internacionales --con las tensiones que ello generó--, se realizó con el objetivo de incrementar el stock de respiradores en el país y de centralizar su distribución según las necesidades de cada provincia. Hasta esa fecha, confirmaron fuentes del Ministerio de Salud a este diario, había 11.000 camas de terapia intensiva. Una gran parte, sin embargo, se encontraba ocupada por pacientes con otras patologías.

Según aseguró Keegan en el comunicado, previo a la orden oficial la compañía ya había decidido dedicar su producción al mercado interno: “Ante el avance de la pandemia, tomamos la decisión anticipada de priorizar el mercado nacional, porque siendo un fabricante argentino y la empresa con mayor participación en el mercado local, sentíamos una fuerte responsabilidad con ello”.

“Esto es una centralización, no es una intervención. O mejor dicho, es una intervención en la distribución de nuestros de equipos, no una intervención a nivel empresa. No quiero opinar porque no creo que sea relevante nuestra opinión en este contexto, pero confiamos en que es la decisión correcta”, dijo Keegan a Página/12.

Según averiguó este medio, desde mediados de marzo la empresa logró duplicar su producción. Siguiendo las proyecciones, gracias al aumento de personal y de jornadas Tecme logrará cumplir sin problemas con la demanda estatal. El único factor que podría afectar estas estimaciones sería la falta de alguno de los insumos críticos que la compañía importa para la fabricación de sus productos.

“Cuando empezó la pandemia en otras latitudes del mundo, tomamos rápidamente decisiones que nos permitieron escalar la producción. Pero planificar el desarrollo incremental de un producto tan complejo lleva semanas y está sujeto a la entrega de componentes muy específicos para su armado”, advirtió Keegan, luego de aclarar que para el ensamblado de un respirador se necesitan 2.700 piezas, algunas de las cuales solo pueden ser adquiridas en el exterior.

“Para ello venimos trabajando intensamente y en equipo con nuestros proveedores locales y de diferentes países con el objetivo de garantizarnos la entrega de materiales, aún con fronteras y sistemas de distribución paralizados”, contó en el comunicado, para llevar tranquilidad "a los argentinos" dentro de un contexto de total incertidumbre.

El cuidado de los trabajadores

La fabricación de respiradores es una tarea muy compleja que requiere de la intervención de especialistas de distintas profesiones: biomédicos, ingenieros, kinesiólogos y técnicos, entre otras. Como este “equipo humano es el pilar de nuestra compañía y el riesgo está siempre latente”, aclaró Keegan en el escrito, “hemos tomado todas las medidas necesarias para proteger su salud, implementando los protocolos exigidos por las organizaciones especialistas”.

Ello incluye el uso de barbijos y máscaras protectoras, la medición diaria de temperatura en la entrada de la fábrica, la distancia de 1,80 metros entre los trabajadores, entre otras. El clima dentro de la planta “es de nerviosismo, como en el resto de la sociedad. Todos somos conscientes que estamos expuestos ante este virus, pero tomamos todas las medidas recomendadas por los organismos y tratamos de asegurar la higiene en cada fase de nuestro proceso productivo”, aseguró Keegan a este diario.

Producción controlada

Pese a que surgieron varios proyectos para fabricar respiradores, en la actualidad siguen siendo pocas las empresas con las habilitaciones necesarias y la capacidad productiva suficiente para hacer frente a la demanda nacional de este tipo de aparatos.

Según la regulación vigente, los ventiladores de cuidados críticos son productos médicos que pertenecen a la clase de riesgo III, por lo que las empresas para poder comercializarlos deben estar habilitadas por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Luego de ese permiso, las compañías deben inscribir los productos cumpliendo los requisitos detallados en las disposiciones ANMAT 2318/02 (TO 2004) y ANMAT 9688/19.

En el caso de Tecme, según explicó Keegan, además de las revisiones de ANMAT, la empresa tiene una serie de controles de calidad internos en las distintas etapas de la producción. También cumple con los requisitos “de la norma ISO 13485, la Directiva del Consejo de Comunidades Europeas 93/42/CEE y las Buenas Prácticas de Manufactura de la FDA 21 CFR 820”.

 

“Un respirador es un soporte de vida y por lo tanto debe ser seguro y efectivo para su uso en pacientes (...) No hay margen para error alguno y es por ello que cada eslabón de la cadena de producción está regulado y debe ser controlado”, concluyó.

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