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  INTERÉS GENERAL  8 de junio de 2019
Teletrabajo, la única salida para tener paritarias por encima de la inflación en una Argentina en crisis
La suba del dólar y los sueldos estancados del mercado laboral argentino hicieron que muchos profesionales residentes en el país prefieran trabajar de manera remota.

Por: Minuto Uno


El mercado laboral se globalizó tanto que es posible que un programador trabaje en Quilmes para un cliente o empleador que está en Ámsterdam con solo tener una buena conexión a internet y la computadora adecuada. O que un diseñador gráfico desarrolle en Bariloche un logotipo que le encargó una marca de Londres.

 

En ambos casos el rédito económico es innegable: el pago es en dólares, y como la divisa subió un 19% en lo que va del año, estos profesionales ya le ganaron a la inflación en nuestro país, que entre enero y abril fue del 15,6%. Ahí radica la competitividad de las ofertas de teletrabajo, ya sean en relación de dependencia o freelance.

"Lo bueno principalmente es una cuestión de plata, porque tenés tu sueldo de primer mundo en algo que te rinde como en un tercer mundo", explicó a minutouno.com Gonzalo Pozzo, un programador frontend que cobra 40 dólares la hora "haciendo aplicaciones que corren en la web" para dos compañías, una de Holanda y otra de Estados Unidos.

Pozzo, de 27 años, maneja sus horarios y elige si trabaja en su casa de Quilmes, en la oficina que la empresa estadounidense tiene en Palermo, o mientras está de viaje por la Patagonia. Cualquier opción es válida mientras cumpla sus objetivos en el plazo esperado por sus jefes de la holandesa The Next Ad o de la estadounidense Worcket, que es un "Tinder pero de trabajo".

"Imaginate que vos estás en Quilmes: tu bolsa de trabajo se limita a 20 o 30 kilómetros a la redonda. La mayoría de las empresas son remotas. Al trabajar de manera remota no tenés límites. Estás abierto a la bolsa de trabajo de todo el mundo", señaló Pozzo, que trabaja en relación de dependencia frente a los gobiernos holandés y estadounidense aunque para la AFIP es un monotributista.

El aspecto fiscal del teletrabajo no es un asunto menor porque "cuando te pasás de un cierto número pasas a ser responsable inscripto, y eso para un desarrollador es muy malo porque no podés deducir ganancias de ningún lado", como explicó Pozzo, lo que implica que "perdés como el 60% de tu sueldo a fin de año si hacés todo bien".

"La mayoría de los países, cuando empezaron a ver que esto de la tecnología le deja al país mucha plata en cuestiones de impuestos, intentaron hacer que los desarrolladores estén en blanco, de que pudieran facturar. Básicamente le bajaron los impuestos (a la actividad)", explicó Pozzo citando el caso de los Emiratos Árabes, que no le cobra IVA ni Ingresos Brutos a las empresas de software ni a los desarrolladores.

"Acá en Argentina subieron los impuestos al doble y a partir del 1° de marzo nos cobran retenciones porque dicen que la inteligencia es (un bien) tangible. De cada factura que hacés como exportador de servicios, además de pagar el monotributo, ingresos brutos e IVA, tenés que pagar la retención que es el 13% por cada dólar facturado", enumeró.

"Con el empleador de afuera es una situación completamente transparente porque no le interesa ninguna situación fiscal tuya acá. Lo que pasa es que para el país termina perdiendo plata porque los programadores no se regularizan. Encuentran otras maneras de cobrar que no estén dentro del sistema para evitar todas estas cargas de impuestos que te cobran", convino Pozzo.

La vida del empleado en relación de dependencia con una empresa en la Argentina parece más sencilla en el aspecto fiscal. De hecho, una encuesta de la plataforma OpenQube reveló que a enero de 2019 apenas el 2,24% de los empleados del área de Sistemas trabaja de manera remota para otro país mientras que el 85,4% lo hace full time para una empresa local.

"En Argentina hay una demanda muy alta de programadores, la escena tecnológica es muy buena y mejora cada vez más, y creo que hay que apostar a esto", señaló a minutouno.com Belén Curcio, lead developer en su agencia de programación, earlysquad.com, que trabaja con clientes locales y extranjeros como Página12 u OpenZeppelin.

"La realidad también es que mucha de nuestra producción es para clientes extranjeros y por otro lado los 'rates' (las tarifas) que se manejan a nivel global y nacional varían bastante. Es por eso que muchos freelancers o compañías terminan buscando clientes internacionales. Creo que se puede encontrar un balance saludable, tener clientes nacionales e internacionales, pero queda en las prioridades de cada uno", explicó.

La Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (CESSI) de Argentina informó que el salario mensual promedio de los programadores a enero de 2019 rondaba los $ 30.471 para los junior, $ 43.471 para los semi-senior y $ 58.880 para los senior. Aunque las cifras no son desdeñables, no pueden competir contra las 12 horas semanales que trabaja Pozzo a US$ 40 cada una.

Si se tiene en cuenta que la devaluación del peso desde junio de 2018 fue del 81,7% y que la inflación de abril del año pasado a abril de éste fue de 55,8% (según el INDEC), los trabajadores que cobran en dólares tuvieron una suerte de acuerdo paritario que les dio una ventaja frente al mercado laboral argentino.

La ventaja también es para el empleador extranjero teniendo en cuenta el talento local a un costo que le alivia el presupuesto. "A un desarrollador de acá que recién está empezando a trabajar afuera le pueden pagar US$ 1500 o US$ 1800 cuando allá los sueldos son de US$ 6000", explicó Pozzo en el caso de una empresa en Berlín.

Por su parte, Curcio, de 26 años, trabaja desde los 18 en informática pero nunca se recibió de Ciencias de la Computación. En vez estudia Biología en la Universidad de Buenos Aires, porque tener un título no es condición excluyente para abrirse paso en programación.

"Hace 3 años, y teniendo la mayoría de mi experiencia profesional en oficinas, tuve la oportunidad de trabajar en Mozilla de forma completamente remota y desde ese momento no abandoné esta modalidad", comentó la programadora, aunque la libertad tiene sus peligros porque "si uno no está bien organizado puede ser muy dañino".

"Uno no sabe cuándo cortar ya que visualmente no tiene esa alerta, por ejemplo, de que tus compañeros están terminando el día laboral y vos te estás quedando después de hora. Rápidamente los horarios empiezan a mezclarse y si uno no planea el día bien puede ser algo complicado", advirtió.

El teletrabajo es complicado, pero no imposible, visto que una plataforma como Freelancer.com tiene 400 mil usuarios desde que habilitó su servicio en Argentina en 2012.

La plataforma funciona "de una manera sustancialmente similar a Amazon o Mercado Libre, pero en vez de venderse productos se venden servicios profesionales", según explicó a minutouno.com el vicedirector de la sede argentina, Sebastián Siseles.

El mecanismo es sencillo: una empresa o persona busca un servicio en particular -la plataforma tiene 1350 categorías laborales llamadas "habilidades"- y fija su rango de presupuesto y el plazo para la entrega. Por su parte, los freelancers ofrecen sus propuestas con un precio fijado por ellos mismos y, si hay un acuerdo entre las partes, la plataforma ofrece modelos de contratos -incluido uno de confidencialidad- para la relación comercial.

El valor promedio de los intercambios comerciales en la plataforma es de US$ 205, señaló Siseles, aunque hay acuerdos de US$ 30 como de US$ 170.000, más que nada en "las cuestiones relacionadas con la tecnología de la información", como desarrollo de aplicaciones, testing y programación.

"Pero en la Argentina particularmente desde siempre fue muy solicitado todo lo que es la parte de diseñadores", señaló Siseles. El tercer rubro más pedido es el de los traductores, en especial los de inglés-español, porque "basta con ir a la UBA y ver la carrera de traducción (en la que) tenés un montón (de opciones), cosa que no es tan común en otros países".

Claro que a la hora de elegir un proveedor freelance es recomendable mirar las calificaciones que le dieron por sus trabajos anteriores porque si "estás haciendo el logo para tu empresa, ¿vas a ir a alguien que sabés que tiene una reputación, que está dentro de los estándares, o vas a ir a uno que te ofrece por dos mangos y no sabés quién es?", como expresó Siseles.

 

La salida no está en Ezeiza

 

Ni Curcio ni Pozzo sueñan con armar las valijas y emigrar a uno de los países desde donde los contrataron. Desde Buenos Aires y Quilmes respectivamente hicieron pie para insertarse en el mercado laboral que les compete.

"Me han ofrecido visas, fui varias veces a Nueva York, donde están las oficinas de The New York Times y Mozilla, pero por períodos cortos y para juntarme con el equipo", explicó Curcio sobre las empresas con las que todavía contribuye para Talk, un proyecto open source para mejorar la comunicación online.

"Por un período quise emigrar pero llegué a la conclusión que quería quedarme en Argentina con mis familiares y amigos, fomentar la industria local trabajando con clientes nacionales y crear mi agencia, y esto se convirtió en mi prioridad", sentenció la programadora.

"Depende mucho de cada persona", convino Pozzo. "Por ejemplo, la empresa de Holanda nos ofrece tanto relocación como viajar una vez por año para ir a la empresa", contó, aunque en su caso también pesaron las ganas de quedarse en el país.

Después de todo, el arraigo se ve distinto cuando existe la posibilidad de trabajar desde la propia casa, en un co working en Palermo o en el bar de una playa del Caribe donde hay buena señal de WiFi.



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