El Gobierno nacional atraviesa días de fuerte tensión política tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC, un hecho que sorprendió tanto en la Casa Rosada como en los mercados internacionales y que reavivó cuestionamientos sobre la independencia del organismo estadístico.

En el entorno del presidente Javier Milei y del ministro de Economía, Luis Caputo, admiten que la salida del titular del INDEC no estaba en los planes. La decisión generó desconcierto incluso entre inversores extranjeros, especialmente en Nueva York, donde la noticia fue leída como una señal innecesaria de confrontación institucional. “El mercado puede tolerar errores, pero después los cobra”, resumió un asesor financiero con llegada a fondos internacionales.
📊 La independencia del INDEC, en el centro del conflicto
El detonante fue la discusión por la implementación del nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC). Según trascendió, el conflicto no giró en torno a si el índice mostraría una inflación más alta o más baja, sino al grado de injerencia política en los tiempos y contenidos de su publicación.
El propio Banco Central había anticipado que el nuevo IPC comenzaría a difundirse en febrero, con cambios metodológicos que otorgarían mayor peso a los servicios en detrimento de los bienes. Sin embargo, desde el Poder Ejecutivo se habría bloqueado la difusión de esos datos, lo que terminó por sellar la salida de Lavagna.
“La credibilidad del INDEC quedó dañada”, reconoció una fuente técnica cercana al organismo, que advirtió que las consecuencias podrían sentirse tanto en el plano interno como en la relación con organismos y mercados internacionales.
🏛️ Congreso caliente y negociaciones trabadas
La crisis del INDEC estalló en una semana clave para el oficialismo en el Congreso. Más allá de los gestos de optimismo, el Gobierno no tendría hoy los votos necesarios en el Senado para avanzar con su paquete de reformas. El principal escollo sigue siendo el Impuesto a las Ganancias, especialmente por su impacto en la coparticipación que reciben las provincias.
Los gobernadores aliados, tanto peronistas como radicales y del PRO, advierten que la reducción de la alícuota a las empresas implicaría una pérdida millonaria de recursos provinciales. Aunque algunos mandatarios se muestran dialoguistas en público, en privado aseguran que no acompañarán el proyecto sin una compensación clara.
⚠️ El peronismo, entre la negociación y la ruptura
Mientras tanto, el peronismo atraviesa su propia tormenta interna. Una reunión clave del bloque de Fuerza Patria expone tensiones que van más allá de la reforma laboral. El caso de Jujuy, con la suspensión de la senadora Carolina Moisés y la intervención del PJ local, encendió alarmas en otros distritos.
El temor es que estas disputas se repliquen a nivel nacional y profundicen la fractura entre sectores alineados con Cristina Kirchner, Axel Kicillof y los gobernadores que apuestan a una estrategia más pragmática frente al Gobierno libertario.

En la provincia de Buenos Aires, el debate por la conducción del PJ bonaerense suma presión a Kicillof, que además enfrenta un escenario fiscal delicado. El déficit provincial y las deudas con proveedores generan inquietud en un contexto donde la Nación recortó transferencias clave.
🏙️ Movimientos de poder en la Ciudad de Buenos Aires
En paralelo, la Ciudad de Buenos Aires también muestra movimientos políticos significativos. El desembarco de Daniel “Tano” Angelici en un área estratégica vinculada al desarrollo urbano consolidó su influencia en la gestión porteña. Desde ese espacio se habilitan proyectos inmobiliarios clave, lo que refuerza su peso político y empresarial.

Dirigentes del PRO interpretan estos cambios como parte de una estrategia del jefe de Gobierno, Jorge Macri, para garantizar gobernabilidad en una Legislatura donde cuenta con apoyos limitados.