Las reinitas mirto (Setophaga coronata coronata) que se reproducen en Anchorage, Alaska, recorren más de 11.000 kilómetros en su migración anual de ida y vuelta, según un estudio publicado en la revista científica Movement Ecology.
La investigación fue encabezada por Stephanie J. Szarmach y siguió durante un año a seis ejemplares mediante geolocalizadores que registraron luz, temperatura y presión atmosférica. Las aves atravesaron Yukón y las llanuras interiores de Canadá antes de llegar a distintas zonas del sudeste de Estados Unidos.
El resultado contradice la expectativa de que estas aves utilizaran la ruta más corta hacia la costa del Pacífico. En cambio, los seis ejemplares rastreados pasaron el invierno entre el sur de Texas y las Carolinas.
Lo que hay que saber
- La reinita mirto es una subespecie dentro del complejo de la reinita coronada o yellow-rumped warbler.
- Seis aves de Anchorage fueron seguidas con geolocalizadores durante un ciclo anual.
- La mayoría de los ejemplares analizados pasó el invierno en el sudeste de Estados Unidos y no en la costa del Pacífico.
Los dispositivos fueron colocados en 30 aves durante 2022 y seis pudieron ser recapturadas al año siguiente para recuperar sus datos. Los registros mostraron trayectorias similares desde Alaska hasta Canadá, que luego se dividieron al oeste del lago Superior.
Las aves dejaron sus áreas de reproducción entre el 28 de agosto y el 5 de septiembre. El regreso hacia Anchorage se produjo entre el 6 y el 19 de mayo, después de una estadía invernal de entre 89 y 158 días.
Además del seguimiento individual, el equipo analizó isótopos estables de hidrógeno en plumas de 167 reinitas reproductoras de Alaska, Columbia Británica y Alberta. Ese análisis estimó que el 95% probablemente pasó el invierno en el sudeste, mientras que un 5% mostró mayor probabilidad de haberlo hecho en la costa del Pacífico.
El estudio concluyó que la mayoría de las reinitas mirto de la región analizada migra hacia el sudeste de Estados Unidos, pese a que la costa del Pacífico se encuentra geográficamente más cerca de sus áreas de reproducción.
Los investigadores destacaron que los geolocalizadores con sensores de presión permitieron precisar las rutas, los momentos de vuelo y la altitud alcanzada por las aves durante el desplazamiento.
